1. - Historia de
b.- Es la transmisión a distancia de imágenes por medio de ondas Hertzianas o radioelectricas con la ayuda, en los esencial, de cámaras, cables coaxiales, transmisores y antenas.
C.- Es un servicio de telecomunicaciones que forma parte de un conjunto de operaciones comerciales.
D.- Programaticamente es un medio para informar, entretener y educar, recurriendo a diferentes géneros creativos.
1873 – Luis May : telegrafista inglés, quien señala que el selenio es fotosensible o sea que su conductividad eléctrica aumenta con la luz que recibe.
Etapa de
Una evolución de su operativa
Veamos el cine, la televisión y el video desde la triple óptica de la producción, conservación y reproducción de mensajes audiovisuales. En los tres casos, los instrumentos y procesos se encuentran enmarcados en un modelo teórico de una sedicente comunicación:
En el caso del cine, en cuanto producción, nos encontramos con un oligopolio real, que encuentra su correlato en un oligopolio similar para la reproducción. La mayor parte de los intentos de producir un cine de alternativa, en general con las pautas de producción existentes y aceptadas sin cuestionamiento alguno, el obstáculo se encontró en el proceso de reproducción.
Ha habido y hay excepciones, pero sólo alcanzan a confirmar la regla.
En la televisión, los modelos productivos, aunque de menor costo que en el cine, siguen requiriendo de un financiamiento que está lejos del alcance de los grupos que pretenden un sistema alternativo. Y, aunque se produzcan, y de hecho se producen, programas alternativos, en el sentido de su independencia, los cancerberos del sistema (ejecutivos de programación de los canales) se encargarán de que esos programas no sean transmitidos. La regla parece decir que: Hay que evitar, desde el inicio, los malos ejemplos. La recepción de televisión no sólo cuesta sino que además es dirigida. Aún en las grandes ciudades, en las que
En el cine, y supeditada siempre a los intereses comerciales, la producción se encuentra en manos del emisor. Es el emisor quien define lo que se produce o deja de producir en función de su propia satisfacción o para obtener algún tipo de recompensa. El emisor, cuando se expresa, lo hace desde su matriz sociocultural. Informa de su visión del mundo, de sus problemas, de sus opciones, siempre a través de una narración, que puede haber sido tomada de otro, pero que él reelabora y plasma en un tratamiento cinematográfico. Transmite cultura, claro, pero sólo la suya. Transmite información, por supuesto, pero sólo la que le interesa, o la que le interesa al sistema social en el que está inserto.
De una manera u otra, conciente o inconcientemente, con frecuencia independientemente de su voluntad, manipula a los receptores. No sólo con los contenidos, sino también con los códigos del lenguaje audiovisual que va descubriendo poco a poco e incorporando a sus productos e imponiéndolo luego a sus receptores.
Los costos de producción tienen una importancia relativa. La introducción del producto en una red de distribución mundial, forzada a la aceptación de "paquetes" completos, garantiza la recuperación de la inversión, independientemente de la supuesta calidad del producto.
Además,
Tal parece que hemos llegado a un punto en que se ha logrado convencer al esclavo de que la esclavitud es una condición no sólo apacible, sino deseable. Lo antes dicho sirve también para la televisión, pero corregido y aumentado. El nivel de manipulación que el emisor hace del receptor, a traves del medio, es tan alto que ya se ha legitimado a sí mismo y parece difícilmente cuestionable. Solamente los grupos de investigadores, preocupados por la salud intelectual de la población, han estudiado el problema y lanzado la alarma. Pero no han logrado, quizás ni siquiera intentado, generar una alternativa.
En cuanto a los costos, la producción para televisión es más barata que el cine, pero aún así son bastante elevados. Los modelos y lógicas productivas son exactamente iguales en ambos formatos: irracionales y antieconómicas. Pero la televisión no depende directamente del receptor para subsistir. La televisión vive y obtiene ganancia por la publicidad. Por ello el criterio motor de la programación será: mínimo de programas, máximo de publicidad. Es por esta razón que resulta mucho más económico comprar enlatados, cualquiera sea su calidad, que producir localmente.
En cuanto a la calidad, la situación es similar para el cine y la televisión. Su definición no es arbitraria, como podría parecer a simple vista, sino totalmente racional. La película o el programa de televisión son una mercancía. Por lo tanto tendrá mayor calidad aquella mercancía que de mayor ganancia. Ganancia para el emisor, desde luego. La calidad, entonces está definida en términos de valor de cambio, y a veces, por necesidad del emisor de auto legitimarse, por su valor signo, pero nunca por su valor de uso para el receptor.
El simple hecho de que la mayor parte de los países de Latinoamérica esté operando con normas de 525 líneas y sistemas de codificación del color NTSC, en lugar de optar por 625 líneas y codificación SECAM o PAL, es el resultado de presiones político comerciales ejercidas por las grandes empresas productoras de equipos.
Hace aproximadamente 15 años y como resultado de las lógicas de sociedades industrializadas, consumistas y competitivas, aparece el video. Lo que aparece inicialmente como equipos de televisión de pequeño formato y calidad subprofesional, se transforma con el crecimiento del mercado en un cuerpo tecnológico que alcanza identidad propia. El video permite por primera vez, la producción, conservación y reproducción de imágenes audiovisuales a nivel domestico, grupal y de alternativa a los sistemas comerciales existentes.
Emisor -- medio -- receptor
La tecnología del video permite, si se realiza el esfuerzo necesario,
q Cuestionar desde dentro lo que parecía incuestionable.
q Permite redefinir los criterios de calidad.
q Permite la producción y reproducción alternativas de mensajes audiovisuales.
q Permite postular para estos instrumentos el papel educativo, tanto en su sentido amplio como para procesos acotados de enseñanza aprendizaje, que hasta ahora les ha sido negado en forma reiterada y sostenida.
Algunos datos en apoyo a estas afirmaciones. Una cámara videograbadora de mayor calidad que cualquier cámara profesional de hace 20 años cuesta hoy 400 veces menos, es decir, unos 1500 dólares.
La edición de programas, es decir el reordenamiento de las tomas originales en un orden establecido, se hacia hace 30 años, cortando una cinta magnética de unos
Ya que la producción es financiera y creativamente viable y que la red de reproducción existe, asociada a cada receptor doméstico de televisión, entendemos que el riesgo mayor se encuentra en los modelos de producción.
El viejo sedicente modelo de comunicación Emisor -- medio -- Receptor sigue manteniendo su vigencia en los modelos productivos de quienes empiezan a trabajar con el instrumento video. Se sienten emisores y quieren expresarse para llegar a los receptores. No se sienten interlocutores en un proceso de construcción en común, para hacer comunicación en su sentido más fundamental. Cometen el error de reivindicar pautas de calidad del emisor, sin adecuarse a la calidad necesaria y suficiente que requiere la interlocución, y por lo tanto, la comunicación. Piensan la programación como la misma que conocen, no se plantean alternativas. Y sobre todo rechazan los usos educativos para los cuales el video es un óptimo instrumento didáctico.
La televisión comercial, con un elevado grado de inteligencia o habilidad, ha logrado convencernos de que un programa educativo es, necesariamente aburrido. Y nos ha dejado entrever que un programa divertido es, necesariamente, alienante. Hacen falta productores que enfrenten este desafío, que produzcan educación en su sentido más amplio y que produzcan pedagogía en su sentido más restringido, porque esos programas tienen valor de uso para el interlocutor masivo.
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